El Rugby, ese deporte de bárbaros jugado por caballeros

En contraposición a mi manifiesto aburrimiento crónico ante todo lo que tenga que ver con el fútbol, me encanta el rugby. Aquí, en Reino Unido, hacer tal afirmación me colocaría instantáneamente en el grupo de los pijos, ya que, según se me ha informado convenientemente, el país se podría dividir perfectamente de acuerdo a los gustos deportivos.

La clasificación estrato-deportiva podría ser la siguiente:

  • Rugby: niños bien de padres mejor, mineros galeses y ‘D4s’ irlandeses (consentidos, ignorantes, niños de papá que juegan al rugby)
  • Cricket: orgullo de la joya de las colonias británicas, gusta por igual a indios, pakistaníes y clases medio-altas.
  • Fútbol: no me cabe duda de que si Marx hubiera conocido el fenómeno futbolero habría cambiado su definición de ‘opio del pueblo’.

Volviendo al rugby, no se puede obviar sus orígenes si se quiere entender el porqué del éxito de los pubs de Richmond, los más in de la capital.

Hartos de jugar al fútbol de toda la vida y decididos a pasar a la posteridad, los alumnos de la Rugby School –de esos colegios de pago de cuya cantidad más vale no acordarse- capitaneados por el por aquel entonces imberbe Willian Web Ellis, se animaron a darle una vuelta de tuerca al deporte rey. 

Si tenemos en cuenta que por la misma escuela pasaron personajes de la talla del padre de la versión australiana del rugby, Tom Wills, los poetas Rupert Brooke y John Gillespie Magee, Jr.,; el primer ministro Neville Chamberlain,  el autor y matemático Lewis Carroll, su compañero de letras Matthew Arnold, el intelectual favorito de los popunkies Salman Rushdie y el irlandés, escritor republicano Francis Stuart, empieza a formarse el tufillo elitista para algunos, escogido para otros, del deporte que une a las Seis Naciones.

Siguiendo con los ruggers, o aficionados al rugby, he de decir que me sorprendió gratamente mi primera experiencia en Twickenham, templo del rugby inglés. Gracias a un buen amigo, aún mejor después de este favorazo, nos hicimos con dos entradas para el partido Inglaterra-Italia. 

Desde el kick-off hasta el último minuto, los hinchas ofrecieron un verdadero espectáculo de buen hacer aficionado: nada de insultos, aplausos al equipo contrario si merecidos (lo siento por los italianos, fueron más bien pocas -dos- las ocasiones) y tímidos amagos de olas. El momento más emotivo, el cántico unísono del Swing Low, Sweet Chariot, himno ¿oficial? De la selección inglesa de rugby.

Será que algo de razón tienen quienes acuñaron el dicho: “Rugby is a game for barbarians played by gentlemen. Football is a game for gentlemen played by barbarians“.

Chapeau!

2 comentarios

Archivado bajo De Domingo en..., De sombreros y otras historias, Londonízate - Londonízame

2 Respuestas a “El Rugby, ese deporte de bárbaros jugado por caballeros

  1. alex

    que morro Angy…todo un sueño para un español es ver jugar a esos equipos y encima con esa hinchada…
    hazme el favor y vete a ver Inglaterra-Francia, las palabras sobran

  2. Gracias a los lectores y fans del rugby, ya está bien traducido el título, no eran villanes sino bárbaros los que juegan como caballeros ;D

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