El dilema: ¿corbata o americana de pana?

Me animo con este post porque ¡cómo son las cosas!

Si en España el cuello de la camisa desabrochado hasta donde la decencia permite, la corbata a buen recaudo en el ostracismo del armario y las americanas de sport –léase pana ¡gracias Felipe González!- más propias de un anuncio de GAP que de un mitin, son toda una seña de identidad socialista, en Gran Bretaña viene a ser justo lo contrario.

Os recomiendo que le echéis un vistazo a la columna de este fin de semana de Vanessa Friedman, editora de moda del Financial Times. En ‘Politicians’ wardrobes: David Cameron’, Friedman repasa la importancia de cuidar hasta el último detalle.

Y es que, además de a las ya lejanas cenizas volcánicas y a los ecos de San Jorge, Inglaterra huele a elecciones. Que se lo digan a Nick Clegg, tercero en discordia, primero en el ring televisivo y favorito entre los españoles gracias a su mujer, aunque eso es otra historia (y otro post, sin duda). O a Brown, que no contento con preocuparse de medir sus palabras, tiene que hacer lo propio con los modelitos de su señora. Pero si hay alguien en este rifi-rafe electoral que sabe lo que se hace con la vestimenta, es sin duda, David Cameron, el adalid del ‘new  torie style’.

Los ‘Cam’ como se les conoce por estos pagos, poco tienen que envidiar a los protagonistas de Gossip Girl en lo que a modelitos se refiere, hablando en términos de ‘upper east sidelish’ se entiende, claro. Eso sí, ni a Samantha Cameron le ha dado por las diademas, ni a él por los sombreros de indie reformado.

A lo que iba. Las chaquetas de pana, protagonistas de la política internacional. Así, tal cual. Para Friedman, ducha en la materia como pocas, “el estilo desenfadado de Cameron, con sus trajes de chaqueta a medida y la camisa desabrochada de forma casual, sin atisbo de corbata, es una declaración equiparable a la de John F. Kennedy de quitarse el sombrero en su propia inauguración”. Ahí es nada.

Lo curioso del asunto, volviendo al origen y razón de ser de esta divagación es, que además de granjearle las simpatías de los Kennedy-adictos, le separa portentosamente de su rival, Gordon Brown, que no puede ser más feliz que con una corbata de seda bien anudada al cuello. Ms Friedman dixit. Al parecer, si en España el traje y la chaqueta se identificaban con un régimen, de vida, caduco y en vías de extinción, aquí es el no va más del laborismo. Mientras, el look de after office de Cam recuerda a eso mismo, al after office que se marcan las hordas de la City y Canary Wharf cada atardecer.

Sin embargo y muy de vez en cuando, al candidato conservador se le escapa una corbata. Cuando eso ocurre, el color no varía, azul en toda su gama de tonalidades. Los Tories han sido siempre el ‘partido azul’ británico, lo que nos remite, una vez más, al espectro cromático de la política – española -. Y aunque el abanico de colores corbatiles con los que se ha atrevido Cameron abarca del rojo al verde, pasando por platas y naranjas, el azul es sin duda su color. Algunos han querido ver en sus gustos un guiño cómplice a Obama, otro fiel de las corbatas azules. Yo, por el momento, sólo veo un estilista atrevido pero con gusto, garra y savoir faire político.

Chapeau!

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