Las cenizas de Inditex

Nada que temer, el imperio de Amancio Ortega no está en riesgo, al contrario. La erupción del volcán islandés – de cuyo nombre ni siquiera un renovado Quijote sería capaz de acordarse – no le está viniendo nada mal a las finanzas del empresario gallego.

A estas alturas, quien lea este post estará pensando que qué tienen que ver las churras con las merinas, o lo que es lo mismo, ¿dónde está la conexión entre el Eyjafjallajökull y la caja de Zara? Pues ni más ni menos que… ¡en las cenizas!

El pasado viernes 16 de abril Londres era un hormiguero de maletas de mano y caras de sueño mal entendido. Los artífices de la megafonía de la red urbana de metro, tren y autobús repetían fielmente el mantra ideado por Lord Adonis, responsable de Transporte de la Isla. “Todos los aeropuertos del país están cerrados, por favor eviten dirigirse allí y llamen a las compañías aéreas con las que tuvieran su vuelo”.  El caos no tardó en extenderse. Eso sí, con legañas y resignación cuasi-dominguera.

Colas para hacerse con una habitación de hotel –el director del Intercontinental de Park Lane aún sufre agujetas faciales de sonreír y saludar: “no, lo siento, no tenemos ninguna habitación disponible”-. Colas aún mayores para pagar en las tiendas de Oxford Circus, Regent St. Y Tottenham Court.

Las tiendas de Massimo Dutti de Knightsbridge, Regent’s y Gloucester Road estaban a rebosar. “¿Tú también te has quedado sin vuelo?” me pregunta amable la cajera cuando voy a pagar mi última tentación, unas botas camperas que pese a ser más propias del invierno español, me harán un buen servicio durante el verano inglés. “No, ahora vivo aquí ¿por?” inquiero con la misma sonrisa. “Hoy está viniendo muchísima gente que se ha quedado en tierra por culpa del volcán, muchos habían venido de negocios para ir y volver en el día o al día siguiente y ahora no saben hasta cuándo tendrán que quedarse. Vienen sobre todo a por ropa interior, alguna muda de sport y algo de verano, que encima les ha pillado el tiempo de revés”. 

Reflexionando sobre tan curiosa información, me dirijo al Zara más cercano para ver si, efectivamente, hay más españoleo que el de costumbre.

Bingo.

Los Pepes, Juanes, Álvaros, Carlos, Marías, Cristinas, Anas y Palomas resuenan por doquier. Todos cargados con calcetines, camisetas de manga corta y aún, legañas domingueras en pleno viernes.

Volviendo a mi reflexión del anterior post…¿Globalización o cambio climático? ¿A quién deben mandar a visitar lugares sombríos los sufridos viajeros? ¿A quién debe agradecer el gran Amancio la coyuntura y digámoslo de paso, la caja que hicieron sus súbditos británicos este fin de semana?

Chapeau!

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