Archivo mensual: marzo 2010

Entre huelgas anda el juego


Entre huelgas anda el juego

Las huelgas de transporte en Semana Santa se han ganado a pulso su pequeño espacio en el imaginario colectivo del vacacionista, bien inglés, bien español.

Los paros de trenes, aviones, carros y carretas dejan en esta semana, que debería estar dedicada a la reflexión, ríos de modernos costaleros que lejos de ofrecer su esfuerzo a la Macarena, el Cautivo o el Cristo de la Buena Muerte, hacen de tripas corazón y cargan maletas propias y ajenas, cambiando las estrechas calles andaluzas por las atestadas vías del tren.

Si primero llegaron los tripulantes de cabina de British Airways exigiendo la salvaguarda de sus puestos de trabajo de cara al río revuelto y pocos pescadores en el que se está convirtiendo la fusión con Iberia, ahora son los maquinistas y operarios ferroviarios los que se plantan para ver qué hay de lo suyo. Eso sí, Gentlemanlandia es Gentlemanlandia. O lo que es lo mismo, que el presidente del mayor sindicato ferroviario se ha despachado con una larga carta en los principales periódicos pidiendo disculpas por adelantado por las posibles molestias y ‘avisando, que no es traidor’.

Hasta aquí a todos nos suena la historia. Bien, comencemos con las sutiles, aunque existentes diferencias. En Inglaterra, los días festivos son el Viernes Santo y el Lunes de Resurrección. That’s all folks. Ergo, los chicos de BA, cuya huelga anunciaron al menos con dos meses de antelación, llevan ya quemados la mita de sus cartuchos, puesto que sus aviones están cogiendo polvo en los hangares de Heathrow desde hace una semana. Huelga- decir – que los daños han sido mínimos y que el gesto amenaza con quedarse como una pataleta dominguera aderezada con huevos de Pascua. Quizás sea mejor no hurgar entre daños colaterales y poner sobre la mesa las imágenes, nada lejanas, de los miles de pasajeros españoles que se comieron las uvas tirados en Barajas, eso sí por una huelga que si no fantasma, estuvo bien encubierta. Por cierto ¿Pepiño, qué ha sido de tu mano dura? Lo pregunto con buena intención y mayor interés, ya que después de haber recibido una atenta carta de la Secretaría Técnica de AENA y de haber escrito con más atención si cabe para poner en marcha mi reclamación ad hoc, ha caído pesadamente el telón dando por concluido el primer acto….

Pero a lo que estábamos. Las huelgas de Semana Santa, el peregrinar de los hombres del trono, que no costaleros, como bien me aclaraba una buena amiga en referencia a las procesiones malagueñas (Sevilla, ahí te quedas, que dirían en la otra capital andalusí).

Volviendo al traqueteo ferroviario, leo en los diarios españoles que la huelga de Renfe está siendo un éxito, para unos y otros, porque inspirados por el candor del arrepentimiento los primeros y resignados penitentes los segundos, se han establecido unos mínimos del 75%. Nueva pataleta al canto. Eso sí, donde más duele, que los coles están con el cartel de vuelva usted mañana y las playas atestadas. Aquí, saltando el Golfo de Vizcaya, hacen las cosas a su manera. No perjudicarán a quienes hayan decidido viajar para disfrutar del chocolate tradicional –ay quien tuviera acceso a una Mona de Pascua…- sólo a aquellos listillos que hayan podido cogerse algún día extra.

Sí, también va por ti, Gordon Brown. El todavía primer ministro, contento como unas Pascuas por haber blindado su despedida del Hemiciclo patrio con una millonada que ni el bueno de Goirigolzarri, ha querido que el 6 de abril, léase el próximo martes, empiece oficialmente la campaña electoral. Sin querer ser menos, ahí que irán de mitin por y para el pueblo los del National Rail.

Ya pasado el 21 de marzo, con la primavera haciendo de las suyas a golpe de chubasco mañanero, no dejan de florecer las reminiscencias de aquel ‘invierno del descontento’ de 1979 que como quien no quiere la cosa, se llevó los aires laboristas de James Callaghan para dar paso a una férrea Margaret Thatcher. Ojo al dato Gordon, que ni Súper Blair puede borrar aquello de ‘manta y bocata’ entonaban mineros, maquinistas, operarios y un sinfín de bocas del pueblo que resonaba por los recovecos de Downing Street hace ahora ya treinta años.

Chapeau!

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Londonízate - Londonízame

Does Cameron worth it or Labour isn’t still working?


The horns have been sounded…and in the struggle for 10 Downing Street it is the battle over marketing which has taken centre stage. Given the poor financial state of the Labour Party, and the desperation of the Conservatives to regain the soil lost 14 years ago, these opening exchanges are sure to be the start of a fiery show.

 “We can’t go on like this. I’ll cut the deficit. Not the NHS” states an airbrushed, and clearly Photoshopped David Cameron.  Yet, despite ‘Dave’s’ 30foot high image looking down on us from every street corner of the country, the poster 

has not arisen any sympathy from potential voters, and actually appears to have backfired, spawning a large collection of comedic edits and variations, one of which shows a L’Orealed Cameron fiercely defending the French Maison’s motto.

The touched-up creative has supposed a payout of £400,000 and a couple of hundreds of alternative versions –the most popular ones originating from prominent Labourites such as former Deputy PM John Prescott,  and the infamous King of Spin Alastair Campbell -, spoofing this trial campaign start shoot .

If you’re curious about the creative Tory teasing of those in the Labour blogosphere, then take a sneak peak at Prescott’s blog  Go Fourth which, at its name states, adverts a fourth round for Mr. Brown.

Up to now, the spoof gives you an idea of just how important the online field is becoming. It’s a cheaper, faster, and (let’s be honest here) more creative way to campaign; and since Labour cannot match the Tory party’s spending on advertising without going broke, they´re focusing all their efforts at the blogosphere.

But…Is Labour still not working? This seems to be the question that Conservatives are arising as their initial duel bludgeon. 

Up to now, the spoof gives you an idea of just how important the online field is becoming. It’s a cheaper, faster, and (let’s be honest here) more creative way to campaign; and since Labour cannot match the Tory party’s spending on advertising without going broke, they´re focusing all their efforts at the blogosphere.

With strikes becoming an ever increasing daily aggravation, and inflation and unemployment reaching up to rates previously unknown, the  slogan that took Margaret Thatcher to power more than twenty five years ago seems more relevant than it ever has… Or so the Saatchi Bros. thought.

the Euro RSCG idea won´t enter history as the World’s most brilliant creation. The giant face of a smiley, overly polished Cameron stirs up too much distrust amongst a cynical population, who are not exactly willing to believe that he would cut the deficit but not the National Health System (NHS).

With the election catching up with the Conservative leader and his election strategist, George Osborne, they are right to turn the campaign a more aggressive direction, and focus on a strategy that has always worked for them. In other words, to show what five more years of Gordon Brown will mean for the country. 

Chapeau! 

 

 

 

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

Not the right side but the proper side


Sonrisa al canto y… la frase de marras: “we don’t drive on the right side but on the proper one”.  La explicación nacional por antonomasia para esta sacada de quicio, que no entiende de razones pero sí de fronteras.

No hace falta poner pie en tierra inglesa para empezar a temer una embestida frontal de algún loco, que, oh cosas de la vida, decide conducir por el lado contrario. Me explico. Puerto de Santurce, Bilbao. 9:00 de la mañana. Poco a poco se abre paso la imagen de un ferry de los de antaño –tanto que lleva escrita en la proa su próxima fecha de defunción- entre la niebla compartida a un lado y al otro del Golfo de Vizcaya.

Estos del Norte hacen las cosas muy bien, para qué engañarnos. Y si es a lo grande, mejor que mejor, que para algo son vascos. Dicho y hecho. Grandes flechas de color amarillo surcan los carriles de asfalto del puerto bilbaíno, empujando a los despistados a ponerse a la cola para meter el coche en las bodegas del barco.

Charlas mañaneras, revoltijo de última hora en bolsos y bolsillos (en pos de un pasaporte que prefiere desperezarse en la oscuridad antes de dar la cara) y del resguardo del billete, que anda también por el quinto sueño. Primera sorpresa, si no llevas copiloto, a bajar del coche se ha dicho. Sí, hijos, sí. Quien paga manda. O no. Depende de la cara de qué rey o reina aparezca en el montante y sonante. Si es ella, estamos de suerte. Si es él, lo dicho, paseíto al canto alrededor del vehículo –crucen los dedos por no tener que rodear sus autocaravanas sorteando camiones de mudanza, todo un desafío-.

Y es que, el que avisa no es traidor. Así, que desde Santurce a Bilbao, con la falda remangada y…andando por la izquierda. Aparcar en el interior de esta reliquia de la ingeniería naval nacional no mejora las cosas. Nada más apagar el motor te sientes como en un paso de peatones en Londres, indefenso. Miras a un lado, y al otro, y al frente y detrás. Toda preocupación es poca, y vana. Ya que sigues sin saber por dónde vendrán.  Respiras hondo, cuentas hasta tres, regalas una sonrisa cómplice al resto de ocupantes del coche y ¡zas! Sales como una exhalación rumbo a la puerta el maletero, antes de que algún desaprensivo aparque demasiado cerca y te quedes sin lavarte los dientes en las… ¡29 horas! que dura la travesía hasta Portsmouth.

 Efectivamente, un día y medio para pensar y recapacitar sobre las verdades ocultas de la vida, el sentido de nuestra existencia y la conveniencia de conducir por un lado u otro de la carretera. Veintinueve horas para profundizar en el hecho de que ni en 1.000 años han podido los británicos ponerse de acuerdo con el resto del mundo para conducir por el mismo lado. Porque, dada la explicación y escuchada la gracia un sinfín de veces ¿porqué siguen empeñados en conducir al revés? La discusión viene de antaño, cuando, encaramados a los pescantes de los carros y carromatos, los habitantes de una y otra orilla del Canal de la Mancha dilucidaban sobre la mano más hábil para blandir el látigo, arrear al caballo y evitarle la misma suerte a algún que otro incauto, que pensaba más en las musarañas que en las prisas de los conductores-.

Tambaleantes, con el regustillo de la biodramina aún coleando en nuestros paladares, nos persignamos, agarramos el volante (en mi caso el asa interna de la puerta del copiloto), miramos al frente y nos lanzamos a superar  el miedo a la izquierda. Hora y pico después, hemos llegado sanos y salvos a nuestro destino, eso sí, exhaustos de tanto esfuerzo mental. Por un lado, el carril izquierdo deja paso a ancianas, miopes, ‘Ls’, camiones y autobuses fuera de servicio, que suplantan a los habituales de idénticos carriles en España: adictos a los detectores de radares de Pere Navarro; macarras del tres al cuarto al volante de un ‘discreto’ bólido tuneado; padres de familia que corren a todo y llegan a lo que les dejan; ambulancias, policías, guardias civiles y otros agentes y funcionarios públicos que no pierden una a la hora de dar ejemplo de cómo conducir, por la izquierda.

Superado el tramo de autovía, agárrense los machos que vienen curvas. Y rotondas. Y rotondas dentro de cruces con semáforos…en las salidas de la autopista. Vamos, que el centro de la DGT de Móstoles tiene seria competencia en cualquier pueblo de los alrededores de Londres. Llegado este punto, no cabe más que elegir entre un ‘oh cielos’ y el más macho ‘jerónimooooooooooo’ y saltar al interior de la rotonda, también por la izquierda, seguir las agujas del reloj y salir dos o tres vueltas después, ofreciendo un cargamento de velas a San Antonio y otro de nudos a San Cucufato por haber acertado con la salida y el sentido de la misma.

Aprovecharé estas vueltas a las ‘round abouts ’ o ‘circus’ para dejar claro que:

1.- No puedo estar más de acuerdo con el nombre escogido para denominar estos elementos de mobiliario urbano / ordenación del tráfico. Dar la vuelta a la redonda, por descriptivo, y el circus, porque efectivamente, salir a tiempo es digno del más agotador entrenamiento del Cirque du Soleil.

2.- Hasta el momento, lo más positivo son los semáforos. Me parece todo un detalle que avisen a la entrada y a la salida. Esos momentos en ámbar ofrecen una buena oportunidad para retoques estéticos de camino al trabajo, giros de colleja en mano para niños cansinos, guiños coquetos al conductor de al lado –nunca más al lado si es de nuestra derecha – y rechinar de ruedas avizor para los listillos de detrás que pretendan colarse.

Hago un alto en el camino para reflexionar sobre el otro lado. Que pese a lo metafísico de la expresión no tiene nada de oscuro, aunque sí de incómodo. Y es que la preferencia por la izquierda llega en Inglaterra mucho más allá de los confines de la conducción, bien automovilística, bien política.

En este país… ¡Se introducen los tiques del aparcamiento por la derecha! Obvio ¿verdad? Quizás no tanto cuando has subido más de cinco pisos (maravillas de la arquitectónica y del cambio climático) buscando desesperadamente un hueco para tirar el coche y hacer la compra antes de que te cierren el Sainsbury’s (o el Tesco, o el Waingrose, o el Asda, o el Lidl o lo que se tercie y siga abierto a altas horas de la tarde, léase las seis y media) y llegas al final de una empinada cuesta, con una valla electrónica que parpadeando malévolamente te indica – de nuevo las flechas amarillas – que tienes que retirar el papelito por ¿el lado del conductor?

Momentos de pánico, de estupor, de incomodidad y por que no, de incompetencia.

Sudores frío y palmas húmedas, Tragas saliva al mirar por el retrovisor y cerciorarte de la creciente cola que anida detrás de tu coche. Aún no han estallado los pitidos, pero sí el intercambio multicolor de luces largas, cortas, de posición, vuelta a las largas….¡¡¡Rrrrrrrrrasss!!! Haces acopio de valor, estiras las vértebras superiores, te arremangas (¿¿¿¿otra vez desde Santurce????) y en un paso digno de Billy Elliot haciendo un cameo en la persecución inicial de Apocalipto, saltas por encima de la palanca de cambios, estiras hasta el paroxismo el antebrazo, bajas la ventanillas y sí, rozas con la yema de los dedos el botón del expendedor. Pero no es suficiente.

Asúmelo. No llegas. Piensa, rápido.  De pronto lo ves claro. Dejas que la música de Beni Hill penetre en tu cerebro, cierras los ojos y te dejas llevar. Y como si de una experiencia ultra-sensorial se tratara te ves a ti mismo corriendo alrededor del coche, sonriendo histéricamente a diestro y siniestro y vocalizando hasta el calambrazo muscular ‘i – am-sorry-very-sorry’. Finalmente, arrancas con avidez el diabólico papelito, lo arrojas a las profundidades del bolsillo, te refugias en el rebozo del abrigo, miras al suelo y así, deshaces corriendo el camino hasta la seguridad del asiento. Arrancas triunfante y sí, se te cala el coche. Pero lo peor ya ha pasado. 

Vuelves a girar la llave, contienes el aliento y te adentras en la reconfortante oscuridad del aparcamiento.  Ahora sólo queda adelantarse a la adversidad y acordarse a la salida, de que ni la barrera de seguridad va a cambiarse de sitio espontáneamente para facilitarnos la vida, ni de que el coche pesa mucho más después de hacer la compra, lo que no ayuda a este tipo de maniobras, especialmente si la salida se empeña inclinarse cuesta abajo.

Chapeau!

PD. La manía de ir contracorriente no podría ser más literal…las puertas de hoteles que giran hacia la izquierda, otras que se abren y cierran hacia el lado contrario, al igual que muchos grifos. Tampoco han querido apuntarse a la convergencia de las telecomunicaciones y como no les va lo de ser más papistas que el papa por razones obvias, prefieren ser más reinistas que la reina…y los cables de la tele también están cambiados. Donde hay un macho debería haber una hembra y viceversa. Lo dicho, acaba reduciéndose todo a una cuestión de orgullo nacional y de victoria frente a los ‘pobres continentales empeñados en ir por donde no deben’.

3 comentarios

Archivado bajo Londonízate - Londonízame

The bowler hat


Si meterse en los zapatos de otra persona nunca fue fácil ¿imagináis el desafío que supone un sombrero? Puedes apretar los dedos de los pies, garrapiñarlos si es necesario, para meterte en esos zapatos que adoras, que codicias tras el cristal del escaparate y que, desgracias de la vida, no son de tu  número.

Pero no puedes hacer lo mismo con un sombrero, no. No basta con arrugar la frente, fruncir el entrecejo, respirar hondo y tirar del sombrero para conseguir llevarlo, ni siquiera sin gracia alguna. Para llevar un sombrero hay que ponerse a su altura, pensar a sus anchas, sentir a su medida, calarte su esencia. Los más fashionistas dirían además que hace falta tener cara de sombrero y saberlo llevar, pero yo soy de las que piensan que para eso siempre hay tiempo.

Quiero dejar claro que me encantan los sombreros. Y los zapatos, y los bolsos…pero nada que ver con los sombreros.  Es el borsalino el que hace al detective; la pamela la que dicta quién es quién en Ascott; el ala del de copa el que daba brillo a las florituras de Fred Astaire y ¿de qué serviría todo el espíritu del Marlboro Country sin un sombrero de cowboy tras el que esconderse al amanecer?

De ahí la elección…no podía venir a Londres sin paraguas, sin mis botas de agua para romper los reflejos verde-amarillos de Hyde Park; tampoco sin un buen cargamento de aceite de oliva y jamón serrano envasado al vacío -¡Gracias mamá! -. La tetera es fácil de encontrar; qué decir de los Bobbies; del Teddy Bear de Paddington; del ‘Mind the Gap’ que te taladra nada más girar el torniquete para entrar a la estación; del fish and cheaps que te persigue hasta la muerte –o más allá si no tienes el Almax a mano- o de la puntualidad local que, a fuerza de esperar el metro, te obligas a adoptar.

Pero lo del bombín no es tan fácil. Y si no que se lo digan a Mr. Chaplin, o a Keira Knightly dándole la réplica a Coco para evadir la polémica de sus retoques en Photoshop para Chanel. ¿Qué habría sido de Joel y Hardy? ¿O de aquel señor que lidiaba con los interesados en aprender el idioma de los anglos mientras gritaba ‘Follow me!’? ¿Hasta dónde habría llegado la crisis financiera si los brokers no fueran pertrechados a la City con el susodicho?

El bombín, ese gran desconocido para la población española, se me antoja el más British de los Brit-hits, así que ¿nos atrevemos con uno ‘rojo pasión española, no, no bailo flamenco y no, tampoco cocino paella’ para esta sesión de London Calling? Más que nada, por no verlo todo negro desde el comienzo y ponerle un poco de color a esta aventura (la luz y el color eran cosa de Marisol)

Le he dado muchas vueltas a la idea de escribir un blog. Quiero decir, construir un blog, no arrojarlo a la selva en la que puede convertirse Internet y dejarlo campar a sus anchas, salvaje, desamparado, desesperado por una actualización-¡qué no daría ya por un comentario!- por una señal de que no está solo, de que tiene alguien que, además de la cabeza sujetante, se encarga de no dejar que el rojo de este Bombín se desluzca. En resumen, lean, comparen y si encuentran algo mejor, vuelvan y háganlo saber.

No es la primera vez que me atrevo con un blog, he de reconocerlo. Aunque sí que es la primera que lo hago de motu proprio, ilusionada con hacer de esto una costumbre, una rutina, que no una monotonía.

Volviendo al tema que nos ocupa – nota de atrezzo, me calo el bombín para centrarme más aún – aviso a navegantes: esta vez voy en serio. Prometo dar la brasa al menos una vez a la semana, probablemente con alguna payasada acaecida en Londinium y alrededores, intentando, eso sí, que resulte al menos, entretenido de leer.

Adoro la moda inglesa y por inglesar, descubrir los salones de té y los restaurantes que entran, o no, en el Time Out de la semana. Me gusta la música de aquí, los libros de aquí, y su cine y su teatro. No puedo decir lo mismo de la televisión, más allá de mi admirada BBC (qué se le va a hacer…otro poso más de nostalgia a añadir al rojo del Bombín) y de los cada vez más interesantes esfuerzos de Sky por hacer atractivos sus informativos sin caer en el amarillismo que a veces supone cubrir información local en plenas elecciones al Parlamento.

Tampoco descarto la experiencia de haber lidiado con bancos y sus secuaces en el pasado, por lo que intentaré seguir la actualidad del Money Money tan a menudo como el extracto de mi cuenta de crédito -literario- y mis entendederas me lo permitan.

No pretendo sentar cátedra en nada, ni convertirme en una trendsetter recién llegada, tampoco alargarme más de lo necesario, tan sólo contar desde un pequeño rincón de la Isla (más soleado de lo habitual gracias a un micro-clima que según los lugareños se debe a los campos de golf, que como champiñones crecen por estos lares) cómo vive Londres una española que aunque nada tiene que ver con los Monty Python, disfruta de la corte de la Reina Isabel…

Chapeau!

10 comentarios

Archivado bajo De sombreros y otras historias, Londonízate - Londonízame