Los que me conocen saben de mi escaso aprecio por los “amigos” del transporte público londinense, así como de mi animadversión a las chapas con mensaje bienintencionado que no pasa a materializarse.

No obstante, me reconozco fan absoluta de la iniciativa ´baby on board´ de la red de metro de Londres.
Además de ser una monada, un recuerdo curioso, una chorradita que arrancará más de una sonrisa después de estos nueve meses, la chapa es una idea estupenda. Básicamente, juega con la imagen de las paradas de metro y el mensaje inequívoco de “bebe a bordo”.
Es gratuita y las interesadas no tienen más que solicitarla en cualquier estación de metro, te la dan en el acto.
La intención, que todo aquel que vea a una pobre gordi como la que suscribe, pasándolas canutas de pie en el metro, tenga claro que lo tuyo no es cuento y te invite a sentarte en el que, hasta ese momento, era su asiento.
La teoría, que cualquiera que esté ocupando un sitio reservado a “personas mayores, embarazadas o personas con dificultad para permanecer de pie” te ceda el asiento sin mediar palabra.
La realidad, bien distinta. Gente que mira a cualquier otro lado, durmientes fingidos, cascos con música a todo trapo que disfrazan el supuesto despiste o, simplemente, miradas desafiantes y traseros bien apretados contra el asiento.
El truco, mano a la espalda, barriga desafiante y un educado, “perdone, me cede el asiento”.
Vergüenza torera, para el ruedo…
Chapeau!
